viernes, octubre 03, 2003

I´am a warrior

Yastá el café. Humeante. Fuerte olor amargo. Negro como el suelo. Yo como los beatles: i´m criyng. I´am the eggmen. Lo malo de los discos de los beatles es que con las nuevas tecnologías que hacen rolas de 10 minutos ahora sus discos duran muy poquito. Uno tiene que escuchar dos o tres para sentir que no se quedó a medias. O en su defecto andar el resto del día tarareando alguna canción mal aprendida.

…you say goodbye and I say hello. Everybody ¿are or is? changing. Strawberry fields forever. Forever, forever, foreverssss…

Quiero regresar al rock. Tener pretextos suficientes para escuchar voces melancólicas y guitarras infelices, juntas, cagándolo todo a punta de dolor.

Sorprendente esta nuestra capacidad de permanecer drogados, pese a carecer de drogas completamente. ¿Es acaso cierto?... nos persiguen. Y el problema no es que nos persigan, el pedo, según yo, es las repetidas ocasiones en que, particularmente, me dejo alcanzar. Que chingón. Que chingona la posibilidad de darse un nuevo viaje con la música. Siempre diferente.

Me encantaría tener una definición mental de todo lo que ha sucedido en los últimos días. Sólo es que no soy capaz de entender y poner palabras a cosas extrasensoriales. O sea: no entiendo. Así de sencillo. Aunque a veces me complique la existencia y lo haga todo una tragedia para explicármelo.

Esta vez fui demasiado lejos. Estoy tratando de escribir. Es casi imposible. La música suena muy fuerte. Y esa es una muy buena rola. ¿Porque será que no para el placer? ¡Que viva rockers hi fi y el ángel con gafas oscuras cargado de tecnología que me los recomendó!

Aquí viene de nuevo. Que me quedo pensando hurgando entre los archivos de la computadora, cambiando algo por aquí, reacomodando algo por allá y nada, que solo puedo terminar sintiéndome en medio de un momento creativo. Como si de repente empezara a lucir mas linda e inteligente, con luz rosa alrededor, siendo enfocada por la cámara con un close up y tonos brillantes. Con la mirada sobre el teclado, sobre el monitor. Con cierta lucecilla de reflejo en los ojos.

La puerta de la oficina tiene vida propia, se azota, así, sin más. Simplemente esta en la otra habitación empotrada sobre la pared y sin previo aviso se azota. Suena, golpeteo de lamina. Mientras tanto yo de este lado de la habitación, con fondo de drum and bass y voz argentina en los controles juego a que escribo cuentos para niños, donde hablo de una puerta que se azota y hasta la menciono como “la puerta” intentando darle atributos de realidad, de repente me percato que me percato y siento cierta sorpresa que se afloja en mi pecho solo en el momento en que suena part of me agudo, bendito. Bendito seas dios de los teclados y las voces melosas. Y es que si no me encomiendo a un dios con tales atributos tendría que hacerlo a los rostros lindos de las portadas y mis convicciones están en contra de la idolatría a aquello que se pueda ver. Soy católicamente perversa, disculparán.

Me quiero permitir la sorpresa de escuchar bossa, con golpeteo electrónico. Unos pantalones aprieta panzas de su madre y encima mover los dedos y las espaldas rítmicamente, sólo por no molestar a la sintonía.

Que bonitas fotos suelo hacer cuando me dan ganas de hacer fotos bonitas. Que poco profundo es en general lo que digo. Que intento más suicida el mío ése de decir cosas inteligentes.

Acabo de ver un cadáver de planta en una maceta. Sólo eso. Ahí estaba.

Y me quedé pensando otra vez frente al monitor. Me pregunto si masturbarse a esta hora del día en el baño de la oficina podría ser perjudicial para mi persona en estos momentos. Me contesto el habitual no hay pedo y me enfilo al sanitario.

Pregunta número treinta y cuatro de las últimas dos horas y contando: ¿porqué no he limpiado ese rincón donde se cagó el gato y que despide ese olor a diarrea expandiéndose por toda la habitación?. Respuesta a la pregunta número treinta y cuatro: porque no quiero. Sonrisa soez de rebelde. “Je-je”.

Que suene, que suene la música. Que suene todo. Mis manos. Sí. Ésas que hagan ruido, cuanto quieran. Es domingo. Día de no trabajar.

Exijo una explicación: ¿porqué no me obligan a leer mi horóscopo diariamente antes de comenzar el día para saber que es lo que tengo que esperar y en cambio me dejan ahí, tratando de adivinar mi destino?

Me observó detenidamente. Con ojos profundos y tremendas ojeras. Su acento argentino se disimulaba en el mirar. En un gesto de aceptación regresó el rostro hacia el monitor. Ambas lo hicimos y el golpeteo de teclados comenzó de nuevo. Me pregunto si en verdad me dijo lo que yo entendí. Seguramente no.

Ahora el gato me ronda. Mefistito, como ha querido llamarle la amiga argentina, mueve su cuerpo pardo por el respaldo de la silla. Yo prefiero ignorarlo hasta que Mefistito se mete con mi trasero. Sé que no tiene referencia alguna de que ese es mi trasero. Pero eso no impide que yo me sienta acosada por él. Como me ha asustado esa imagen zoofilica de mi cabeza he decidido bajar a Mefistito de la silla.

Ya casi no estoy drogada pero la amiga argentina acaba de encender el toque de nuevo. Huele a que le voy a dar una fumadita. Lo he decidido: después de eso comienzo a programar música más acá.

Recuerdo sucio de la tarde: el relato que me contó una amiga de cuando entró en un baño del mix up a masturbarse mientras un amigo la esperaba fuera, entretenido con los discos del estante más cercano. Tengo que aceptarlo: la imagen que tengo en la cabeza es lo suficientemente sucia como para no querer evitarla.

Me encantaría ser como el gato que tengo enfrente: juega con su cola. En cierto sentido lo hago. Aunque eso también sea un pensamiento sucio. Hoy amanecí rebelde y me doy permiso de pensar todas las cochinadas que quiera.

La música comenzó a hacer su efecto. Gracias por el house...





Comments: Publicar un comentario



<< Home

This page is powered by Blogger. Isn't yours?